"Cumbres borrascosas" de Emerald Fenell es una historia de amor simplificada y poco profunda

Este 12 de febrero llega a los cines chilenas una nueva adaptación del clásico de Emily Brontë, “Cumbres borrascosas”, esta vez en la visión de la directora inglesa Emerald Fenell, quien nos dejó polémicos films como “Promising young woman” y “Saltburn”, y musicalizado por Charli XCX.

Esta no es la primera vez que se adapta la historia de amor de Catherine Earnshaw y Heathcliff, cada una de ellas con sus críticas y visión propia de la obra de Brontë. La novela - publicada por primera vez en 1847 bajo el seudónimo de Ellis Bell - navega diversos temas como el rol económico del matrimonio, el amor, la violencia, la diferencia de clases y el racismo, los que no siempre se han reflejado de la mejor forma en las diferentes películas y series.

Aquello también es el atractivo de la cinta, ya que el trabajo de Fenell ha sido lo suficientemente consistente e interesante para que hayamos podido identificar los elementos que la identifican como directora. “Promising young women” - película con la que ganó el Oscar a Mejor Guión Original - es una historia de rabia femenina en tonos pasteles, donde las mujeres no son solo víctimas, sino que pueden ser villanas, antiheroínas, vengativas y violentas. Pero el mensaje termina siendo confuso, porque la historia tiene un desenlace abrupto e innecesariamente ilustrativo de violencia de género - lo que fue una intención específica de la directora. 

Con “Saltburn” continúa en el género de la comedia negra, esta vez en un relato de “Eat the rich” acompañado de grandes actuaciones - Barry Keoghan y Rosamund Pike están brillantes en sus papeles - y una banda sonora y vestuario que nos llevaron de vuelta a principios de los dos mil. Pero fueron sus escenas provocadoras las que la convirtieron en un fenómeno en redes sociales, estilo que parecía ser evidente en los trailer liberados de la adaptación de “Cumbres borrascosas”.

Los adelantos fueron recibidos con entusiasmo y las siempre presentes críticas que trae consigo adaptar un clásico de la literatura de este tipo. Fue tanto el ruido que Fennell defendió su visión de la historia incluso antes de que la película fuera estrenada en cines.

En septiembre de 2025, al participar en el festival Brontë Women's Writing, aseguró que el retorcido texto de Emily Brontë "me dejó sin palabras" después de leerlo a los 14 años. “Sé que si alguien más lo hiciera, me pondría furiosa. Es un material muy personal para todos. Es muy ilícito. La forma en que nos relacionamos con los personajes es muy privada”, aseguró en la oportunidad.

Fennell dejó claro desde un inicio que esta adaptación era el reflejo de su lectura de la novela gótica, por lo que fue precisamente esa primera impresión de la lectora - marcada por la emocionalidad y el erotismo - la que hizo no sólo cuestionable y poco profunda su perspectiva del tormentoso romance entre Catherine y Heathcliff.

No soy de las puristas que defienden que se refleje la historia tal cual la escribió Emily Brontë hace 200 años, o que cree que está mal que no se aborde la complejidad y oscuridad del texto en que se basa, porque aquellos discursos le quitan validez al ejercicio de interpretar una obra de arte y crear algo nuevo desde esa inspiración. Aquello se hace desde el inicio de la cultura y tenemos grandes ejemplos en múltiples disciplas para corroborarlo.

Pero ni las comillas que pusieron en el título - haciendo evidente que esta es una visión de autor de la historia - pudieron evitar que la película se sintiera incompleta y vacía, no sólo como adaptación de ese libro en específico sino como historia en si misma. La trama está mal ejecutada, con creaciones de personajes poco profundos y un guión que nunca termina de encajar y que hace evidente la disparidad entre la pluma de Fennell y Bronte. Los diálogos sacados del texto orginal eran muy obvios y parecían insertados a la fuerza en un guión que redujo una historia de venganza y relaciones tóxicas a una historia de amor imposible.

Esta no es la única adaptación que ha decidido centrarse en los aspectos románticos de la novela, suavisando al protagonista masculino a un anti héroe que sufre por la diferencia de clases y no poder haberse casado con la mujer de la que estuvo enamorado toda su vida. Y esta bien, porque todo el marketing previo al estreno nos dijeron que aquello es lo que iban a contar y no nos llevaron engañados al cine. 

Pero incluso esa primera lectura llena de permisismos respecto de la historia original la hacen, por lo menos, cuestionable: Fennell aseguró que su adaptación era cómo se la había imaginado en esa primera lectura adolescente, y que “quiso gritar” cuando vio a Elordi con patillas en el set de Saltburn, ya que le recordaba a Dirk Bogarde y “se parecía exactamente a la ilustración de Heathcliff en el primer libro que leí”.

Esa reacción hace imposible que no nos preguntemos ¿cómo es que Fennell termina imaginando al personaje como blanco cuando parte escencial del conflicto de la novela se orgina por discriminación racial? Y este no es un comentario que se pueda dirigir solo a la adaptación de esta directora, porque ninguna de sus predecesoras - a excepción de la protagonizada por Kaya Scodelario y James Howson en 2011 - tiene un protagonista de color.

En el libro se habla de él como “gitano de piel oscura” y “ese mocoso gitano”, lo que abrió la posibilidad de raíces romaníes, pero también indias o jamaicanas. También se le llama “moor”, término que hace referencia a musulmanes del norte de África y la península Ibérica, y Nelly - una de los narradores de la historia - se refiere a él como “un negro regular” y le menciona que “¿quién sabe si tu padre fue el emperador de China y tu madre la reina de India?”.

¿Por qué es importante de este detalle en el desarrollo del conflicto? Gran parte de la violencia que provoca el rencor en Heathcliff se origina en este odio al otro diferente. Para el momento en que se escribe “Cumbres borrascosas” el intercambio de esclavos ya había sido abolido en Inglaterra, personas negras y morenas eran brutalmente vendidas y compradas en Liverpool, que en ese momento era el puerto más grande de esclavos en Gran Bretaña.

A pesar de toda la documentación y líneas textuales que acreditarían la hipótesis de un Heathcliff de color, aún no existe concenso respecto al tema. Cuando se le preguntó por qué había elegido un actor blanco para el papel, Fennell aseguró que “todo quien ama este libro tiene una conexión tan personal con el libro, y sólo puedes hacer la película que más o menos imaginaste cuando lo leíste”, mientras que Kharmel Cochrane, director de casting de la película, defendió las elecciones, diciendo que "no hay necesidad de ser preciso" ya que el material original es "solo un libro".

Esta insensibilidad con uno de los conflictos centrales de la obra original se extendió a otras dimensiones: la adolescente mimada y caprichosa de Margot Robbie es difícil de creer - y no solo porque la actriz tiene 35 años -, y la interpretación de Jacob Elordi de Heathcliff se asemeja más aun hombre con el corazón destrozado sin tener idea de qué hacer, dejando atrás al protagonista cruel, violento y calculador que conocemos en el libro. Los personajes terminan siendo simples y poco construídos, con diálogos dispares y extractos del libro incluídos forzosamente en el guión.

La película tiene los elementos que caracterizan a Emerald Fennell: una fotografía bella, protagonistas hermosos, tomas aesthetic que jugan con colores y texturas, un vestuario - que aunque históricamente incorrecto - te cautiva desde el primer momento y un erotismo que era más provocador en los trailers, acompañados por una banda sonora que acompaña la historia y le da otra forma a las emociones (la música es probablemente uno de los elementos mejor ejecutados en la historia).

Nos cuentan una historia de amor imposible, donde la violencia se toca de forma muy superficial, con conflictos simplificados en exceso y con protagonistas que cambian abruptamente de opinión y que hacen poco creíble el cómo se desarrolla la trama. Finalmente, la adaptación termina retratando a dos protagonistas caprichosos que tampoco tienen mucha profundidad en las razones detrás de sus actos, y un guión que a ratos parece pegado forzosamente.

“Cumbres borrascosas de Emerald Fennell termina siendo lo que nos prometieron: un romance sin muchos cuestionamientos, con vestuario llamativo y una simplificación del entramado social que nos dio Emily Brontë cuando publicó la novela.